Capital de la rica región de Baden-Württemberg, Stuttgart ha sabido combinar con éxito la calma de sus numerosos parques con la velocidad de sus industrias
Aterrizar en Stuttgart significa encontrarse, en primer lugar, con un prodigio de ingeniería: su aeropuerto. En su terminal principal, las columnas son como troncos de árboles que se ramifican hasta el acristalado techo. Las hojas son un complejo juego de espejos que permiten una iluminación única según el momento del día. Y desde ahí, llegar a la ciudad es tan sencillo como coger el metro. Pero si el trayecto se realiza sobre asfalto, el viajero quedará maravillado con los verdes paisajes que rodean la ciudad.
Stuttgart ha sabido combinar a la perfección bellas y apacibles postales de bosques y viñedos con algunas de las industrias más punteras del país, entre las que destacan Bosch, Porsche o Mercedes Benz.
BELLEZA CLáSICA ENTRE JARDINES
A pesar del estruendo que cabría esperar de una ciudad tan ligada a la industria automovilística, Stuttgart se presenta tranquila y hermosa. Pasear por sus calles y avenidas significa hacerlo en muchos casos por vastos jardines. Destacan en el centro de la ciudad el Palacio Antiguo, que cuenta con un bello patio interior de estilo renacentista, y el Palacio Nuevo, que fue residencia de los reyes de Württemberg. También de una belleza clásica es el edificio del Teatro Nacional y los amantes del arte no deben dejar de visitar la Galería Nacional, cuyo edificio es una joya del postmodernismo, obra del arquitecto James Stirling.
Imposible nombrar todos los encantos que guarda esta ciudad suaba. En cualquier caso, el viajero no debiera irse sin probar su magnífica gastronomía, en la que destacan los Mautaschen, una especie de deliciosos raviolis , o el Spätze, un acompañamiento hecho de pasta. Y mientras se pasea, lo ideal es degustar un brezel, un pan recién hecho que se vende untado con mantequilla. - |