Belfast, ciudad castigada por los conflictos religiosos, atrae al visitante hacia su encantador centro, sus rincones perdidos, y los paisajes sublimes que la acunan, a través del interés que despierta la historia
Belfast es una ciudad de aspecto encantador con un núcleo urbano relativamente pequeño. Una de aquellas ciudades en las que apetece caminar o ir en bicicleta, hacer una ruta histórica entre las bellas edificaciones victorianas o una visita cultural siguiendo la ruta de Van Morrison. El centro, Donegall Square, está lleno de restaurantes, bares, y tiendas de todo tipo, y su vitalidad actual nada tiene que ver con las altas verjas y los férreos controles militares del pasado. Desde allí se puede llegar a cualquier punto de la ciudad gracias a una tupida red de autobuses . De otro lado, aquellos que se interesen por las perspectivas panorámicas, no podrán perderse la espectacular vista desde el castillo de Belfast y sus jardines, en Cave Hill, un parque nacional en el que además se encuentra el zoo de la ciudad y áreas de picnic.
UN PAISAJE CON HISTORIA
La historia fulgurante de esta ciudad comienza en el siglo XVII, cuando hugonotes huidos de Francia hacen florecer la industria del lino y con ello el futuro industrial de la ciudad. Durante la siguiente centuria, a la vez que su población se multiplicaba imparablemente, se desarrolló una boyante industria naviera, que llegó a su cenit con la construcción del famoso Titanic en la Harland & Wolff. Por eso, y casi en un intento subconsciente de trasladar la memoria histórica a los mejores momentos de la ciudad, Belfast ha comenzado su reconstrucción por el frente acuático: las orillas del río Lagan se encuentran en pleno desarrollo urbanístico, en el que no faltan las opciones de ocio, desde el palacio de conciertos Waterfront Hall, hasta el Odyssey, un centro comercial enorme que incluye un museo sobre descubrimientos científicos para los más pequeños. Sin embargo, lo que más sigue atrayendo de Belfast son los barrios de Falls (católico) y Shankhill (protestante), centro de las disputas de las épocas más duras de conflicto, en cuyos murales y esquinas el paseante podrá entrever el transcurrir de una historia que ha agitado el día a día de esta población. Episodios de siglos pasados y recientes enfrentamientos políticos, se entrecruzan en unas paredes en constante transformación debido a las frecuentes demoliciones.
EN LAS PROXIMIDADES
Mar y montaña
Belfast está enclavado en un lugar ideal desde el que se pueden visitar otros lugares de Irlanda del Norte. Es imprescindible acudir a la Giant’s Causeway o Calzada de los Gigantes, un impresionante paisaje de columnas poligonales de basalto, un interminable acantilado fruto de las erupciones volcánicas que la mitología norirlandesa se ha encargado de convertir en el resultado del desafío entre el gigante Irlandés Finn MacCool y el escocés Benandonner. En sus paisajes interiores, se suceden inacabables prados verdes, colinas, y bosques, salpicados de campos de golf, uno de los principales atractivos turísticos de la zona. La costa, por otra parte, ofrece uno de los mayores espectáculos naturales: los Glens of Antrim, nueve valles que separan Belfast de la Calzada, y que acogen bellos paisajes marítimos, silenciosos e idílicos pueblecitos y uno de los puentes colgantes más famosos del mundo: el de Carrick-a-rede, que facilita el paso a los pescadores de salmones. |