El Parc Etnològic del Tagamanent propone sumergirnos en la vida de la Catalunya de tiempos pasados, en medio de un entorno natural incomparable
Es curioso cómo alejándose a apenas cuarenta minutos de Barcelona, uno puede verse sumergido en un entorno natural tan idílico como el que ofrece el Pla de la Calma. Frente a noso-tros, se alza el curioso y característico perfil del Tagamanent, una colina de poco más de mil metros de altitud, coronada por la Iglesia de Santa Maria, una construcción del siglo X que antiguamente compartía su ubicación con un castillo. Y abajo, la comarca del Vallès Oriental, colocada en forma de hermosa postal. Esa es la vista que tenemos desde el Bellver, la masia que la Diputació de Barcelona ha habilitado en el Pla de la Calma como punto de información del Parc Natural del Montseny.
Sin embargo, aunque el paisaje y la posibilidad de respirar ese aire puro que a menudo echamos de menos en la ciudad ya merecen una escapada, no son el único aliciente de este enclave. Junto a El Bellver se encuentra la Masia-Museo de L’Agustí, que propone un recorrido por la vida de una familia “pagesa” del s. XVIII.
LA ANTIGUA VIDA EN EL CAMPO
Los Agustí fueron una de las familias más importantes de la zona. Su apellido aparece ya documentado en el censo de 1497, aunque fue en el siglo XVIII cuando vivieron su época de mayor esplendor y cuando la magnífica masia en la que vivían registró la mayor de sus ampliaciones. Precisamente ese momento es el que la Diputació ha querido recuperar.
Para ello, a finales de los noventa, reconstruyó la casa pairal, que entró en decadencia a principios del siglo pasado y fue finalmente abandonada tras la Guerra Civil, y la ha amueblado de acuerdo con los usos de aquella época. Se ofrecen visitas guiadas los fines de semana y festivos, y a través de sus estancias acompañan al visitante las voces de los miembros de la familia Agustí, especialmente la de Fèlix, el anfitrión. Desde los establos, pasando por la cocina, centro neurálgico de la vida en el siglo XVIII, al comedor, utilizado únicamente en las grandes ocasiones, o a la habitación del “hereu”. El realismo y cuidado con el que han sido ambientadas todas las estancias, incluso en cuanto a olores, ofrece al visitante la sensación de que los Agustí sólo hayan salido “un momento”. La visita finaliza con un audiovisual en el que las imágenes actuales de la casa se entremezclan con el blanco y negro de las viejas fotografías. |