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El tesoro de los Alpes
El Valle de Aosta, situado en el corazón de Europa y rodeado por las cimas más majestuosas de los Alpes, es la región más pequeña de Italia, la que está situada más al norte y la que cuenta con un mayor número de picos por encima de los 4.000 metros. Una irresistible combinación de atractivos en la frontera con Suiza y Francia

Pocas veces una extensión tan reducida (ocupa poco más de 3.000 km2 y cuenta con una población que roza los 120.000 habitantes) alberga tanta riqueza natural, arquitectónica e histórica como el Valle de Aosta. Esta región despunta en el corazón de los Alpes italianos como un pequeño tesoro coronado por las omnipresentes cimas del Mont Blanc, el Monte Rosa, el Cervino y el Gran Paradiso, las cuales dibujan un perfil que bien podría calificarse de vertical, dada la magnitud de tales “monstruos” naturales que esconden trece valles laterales salpicados de más de 200 antiguos glaciares.
Precisamente estos parajes inspiraron al pintor británico William Turner, quien plasmó en algunas de sus obras las luces y sombras del Mont Blanc, fruto de sus múltiples viajes a la región.

UN VIAJE PARA CADA TURISTA
El Valle de Aosta se presenta al turista como un completo destino. Cuenta con los atractivos suficientes para que amantes de los deportes de invierno se deslicen por algunas de las pistas alpinas más espectaculares; los gourmets viajeros regalen a su paladar sabores de la tradición culinaria más autóctona en la que no faltan el queso de fontina y vinos con Denominación de Origen propia, y los ávidos exploradores de la historia encuentren las raíces de un pueblo que remonta sus tradiciones a la época de los celtas y mantiene vivo un pasado medieval. También los aficionados al trekking y al senderismo encuentran en los múltiples caminos y en las variadas pistas del Valle lugares de una esplendida belleza y tranquilidad.

LAS HUELLAS DEL ROMáNICO
Bajo las sombras del monte más alto de Europa, el Mont Blanc, se alza un patrimonio que ha sido testigo de numerosas civilizaciones que habitaron sus tierras atraídas por su ubicación estratégica, puente entre el mundo mediterráneo y la Europa Central.
Fruto de ello, el pasado sigue vivo en el presente con monumentos de la etapa megalítica, vistosas trazas de la época romana, castillos medievales semiderruidos, fortalezas, residencias del Renacimiento o iglesias románicas, góticas y barrocas. Basta con acercarse a la capital de la región, Aosta, una ciudad rica en historia. En el Medievo se construyeron la catedral y la Colegiata de Sant’ Orso (s. XII) que se suman a otros monumentos de gran belleza de la misma época como el castillo de Fénis y el castillo d’Issogne. Éste último es el fiel reflejo de la prosperidad de aquella época, dado que aún conserva frescos y arquitecturas de insólita riqueza.
Para apreciar este patrimonio excepcional puede realizarse la Ruta del Románico. Tras cada visita se dejan atrás pequeños pueblos de casas de campo construidas en piedra y madera, símbolos de la laboriosidad y del ingenio de su población.
Naturaleza e historia se dan la mano en un escenario que incrementa su esplendor con el crepúsculo, cuando las laderas del Monte Rosa se tornan aún más rojizas y los valles se cubren de un fuego intenso que nuestra retina retendrá para siempre.
Sonia Vilar
MAS INFORMACION: Turismo de Valle de Aosta
Tel. +39 01 65 23 66 27
www.regione.vda.it/turismo



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