Esta región alpina del norte de Italia
presenta sus mejores galas para los amantes del deporte blanco. Además, aglutina hermosos parajes naturales, un
patrimonio milenario
y una fina gastronomía autóctona
Cuando las majestuosas cumbres del Montblanc, el Monte Rosa, el Cervino y el Gran Paradiso se tiñen de blanco con la llegada de las primeras nevadas invernales, florece un paraíso bautizado como “la pequeña capital de los Alpes”. El Valle de Aosta se erige en el norte de Italia inmerso en un paraje que deja tras de sí bellas estampas naturales en las que son protagonistas no sólo las cimas antes mencionadas, sino también trece valles, más de 200 antiguos glaciares, ríos cristalinos y lagos de agua helada. Lejos del aislamiento que podría suponer su propia orografía, la historia del Valle siempre ha estado ligada a los puertos del Gran San Bernardo (2.474 m) y del Pequeño San Bernardo (2.188 m).
AVENTURAS EN CIMAS BLANCAS
Su propia fisonomía y los más de 800 kilómetros de pistas esquiables lo convierten en un atractivo lugar al que cada año acuden miles de aficionados al deporte blanco. Se puede practicar cualquier modalidad, desde los tradicionales esquí alpino, esquí de fondo y snowboard, a actividades más extremas especialmente indicadas para los amantes del riesgo y la aventura. En este último apartado se incluyen el alpinismo, la escalada libre y el kitesailing (el participante lleva acoplado una especie de paracaídas que con el viento le permite surfear por la nieve). Otra opción es el recorrido por fuera de pistas acompañado por monitores con los que es posible descender por la Mer de Glace y el Toula, en el macizo del Montblanc. Merece una distinción especial la práctica del heliesquí, puesto que el Valle de Aosta se trata de la única región italiana en la que es posible que un helicóptero traslade a los esquiadores a las cumbres más altas para que éstos puedan disfrutar de un esquí extremo sobre nieve virgen. Los que se atrevan a ello, deberían dirigirse a las pistas de Courmayeur, La Thuille, Doues, Gressoney-La-Trinité o Ayas, entre otras. Los interesados también deberían saber que existen más de un centenar de refugios a pie de pista repartidos por el Valle.
UN DESTINO PARA TODOS
Pero no todo son emociones extremas en el Valle de Aosta. La región está también indicada para los que busquen actividades más tranquilas o vayan acompañados por sus familias. Paseos por la nieve, ya sea a caballo, en bicicleta de montaña o con raquetas, pesca invernal, descensos en trineo o con neumáticos (sonw-tubing), visitas a los castillos y rutas gastronómicas son algunas de las propuestas.
Los niños también se lo pasarán en grande en los Snowpark donde no sólo podrán aprender a esquiar de una manera amena y divertida, sino que disfrutarán construyendo iglús o con actividades lúdicas en la nieve supervisadas por guías.
RIQUEZA NATURAL
Pequeño en extensión -alberga poco más de 3.000 km2 de superficie y no supera los 120.000 habitantes- es rico en recursos naturales, ya que atesora más del 40% de las 5.600 especies vegetales de todo el país. Esta riqueza se traduce en un amor por parte de los valdosantos hacia el medioambiente. Muestra de ello, en 1922 se creó el Parque Nacional del Gran Paradiso, el primero de Italia y una clara referencia para todas las reservas europeas. A éste se sumó el Parque Regional del Mont Avic y, con el paso de los años, el Valle puede presumir de ser un patrimonio natural en su esencia, puesto que gran parte de su territorio lo ocupan las reservas para la protección de la flora y la fauna. |