Navarra es una fuente de recursos inagotable de la que emanan los placeres más exquisitos de la vida. Deleitarnos con ellos en la zona de los Pirineos puede convertirse en una sana adicción
El invierno es de esas épocas en las que Navarra se convierte en destino obligado. Especialmente los Pirineos se nos descubren como un territorio ideal para esquiar, escalar, pasear o satisfacer nuestro paladar.
NATURALEZA Y CULTURA
Belagua y Abodi son estaciones donde se puede practicar el esquí de fondo o el senderismo, alternativas que nos permitirán gozar de espectaculares vistas que la naturaleza pone a nuestra disposición en esta tierra. Espesos bosques se alternan con grandes roquedos donde los escaladores ponen a prueba sus habilidades mientras los aficionados a la espeleología penetran en profundas simas producto del capricho de las rocas cársticas. El frontón, el ciclismo, la hípica o el golf son otras atractivas opciones de ocio si preferimos deportes de menor riesgo. El encanto natural pirenaico es también escenario de la cultura y el arte de Navarra que ha alcanzado algunas de sus más bellas expresiones en la Real Colegiata de Roncesvalles, cuyo museo alberga el Ajedrez de Carlomagno, o en el Santuario de San Miguel de Aralar y su retablo de esmaltes y cristal de roca del siglo XII . También los carnavales y el Museo Etnográfico de la Almadía, en la vertiente oriental de los Pirineos, son una inmejorable puerta de acceso a las tradiciones de Navarra. los placeres del paladar
A la hora de comer, las migas de pastor, la caza con sus carnes de jabalí y ciervo, las alubias rojas y los platos de foie y confit de pato son excelentes ejemplo de la amplia carta que el buen sibarita podrá descubrir en los restaurantes de la zona. Excelentes vinos con denominación de origen son, a su vez, objeto de culto en las visitas guiadas a bodegas. Los canutillos con crema, la famosa cuajada o los quesos Roncal o Idiazábal, ambos con denominación de origen, son el punto final ideal a este viaje de placeres. |