Cascais. Separado de Estoril sólo por las playas, este precioso pueblo marinero invita a perderse por su calles estrechas, descubrir rincones ocultos entre las casas blancas y respirar el olor a mar mientras se camina por el paseo marítimo. Merece una visita la ciudadela, antigua fortificación, hoy convertida en un museo de artillería al aire libre. Desde allí se puede contemplar toda la costa hasta Estoril y, en los días claros, es posible vislumbrar la silueta de Lisboa.
Sintra. Un poco más al norte, en la sierra del mismo nombre, Sintra es uno de los enclaves más bellos y románticos de la zona. Aunque esté masificado, se recomienda hacer una escapada para presenciar este hermoso pueblo con dos castillos reales que se ensalzan en medio del bosque. Su encanto radica precisamente en la exhuberancia de su vegetación y en la originalidad arquitectónica de sus casas, la gran mayoría de finales del siglo XIX. Es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Cabo de Roca. “Donde la tierra acaba y el mar comienza”. Así es como describió el gran poeta portugués Luís de Camoes al que es el punto más occidental del continente europeo. El espectáculo es sobrecogedor: la inmensidad del Atlántico se extiende a nuestros pies en este impresionante acantilado mientras la fuerza del viento parece buscar su protagonismo. |